CUENTOS


Cuento del Libro: Distinto al Otro (2010).


Justo hoy!


 

Toma una lapicera en sus manos para controlar sus ansias. De cuando en cuando, simula concentración tomando sus cejas y apoyando sus manos sobre ellas. Pero, en realidad, todo esto es una actitud teatral, falaz. Por que sus ansias se deben a quien esta a su lado.

Hace más de cuatro años que se sienta junto a ella. Los primeros meses de cursado los supero gracias a ella. Por que fue la única persona que le dirigía la palabra a esta tímida persona. Desde entonces, cada vez que a la facultad se baña, peina, viste y dibuja cada detalle para que ella los note. Aunque nunca le ha dicho nada. Siempre la deja hablar a ella, él solo aporta -desde su pensamiento- palabras que la mantengan hablando. Lo hace porque se encanta de escucharla. En realidad, no importa que es lo que dice, porque con el tiempo ha dejado de escucharla. Se perdió en la observación minuciosa. Cada vez que ella se expresa, él mira sus labios y no puede evitar sentir que su corazón late más a prisa. Su cuerpo se paraliza, pero es tan tímido que lo simula mordiendo la punta de su lapicera o quedándose totalmente inmóvil, poniendo ojos de atención.

Tanto ha desarrollado su arte de observación que hasta sabe cuantas caries tiene, que dientes le brillan mas, que días usa lápiz de labio y cual no. Hasta sabe cuando ella ha besado a otra persona, lo descubre por que los labios se ponen menos toscos…como si le faltasen capas de piel. En esos días ¡se pone de la cabeza, el pobre!

Enamorado de su boca, ya ni sabia de sus palabras. Y no por falta de interés, sino por una reacción inevitable de su psiquis enamorada. Cuatro años guardando su lugar para tenerla junto, cuatro años siguiéndola a cada minuto; inventando excusas para juntarse. Desde la corrección de un practico hasta la necesidad de clases de ingles. Muchos planes, muchas estrategias que demostraban su verdadero interés en ella. Pero nunca le dijo nada, y el tiempo pasa. Y no perdona.

Hoy, se lo veía más nervioso que nunca. Por que el día de ayer llovió y -como en toda facultad pública de recursos limitados- el aula no la soporto y la mitad de ella terminó inundada. Por eso, sus planes se volvieron falibles y ese chico del cual siempre la alejo (como si ella fuese su posesión) estaba allí. Sentado a su lado. Y no solo eso, ¡le hablaba! Le hablaba y preguntaba. Preguntaba, contaba, reía. Todo de manera fluida. Todo lo que él no se había animado a decir y hacer en cuatro años, este muchacho lo hacia en el primer encuentro que tuvo. En solo un espacio que encontró. ¡Y por eso estaba nervioso hoy! Y tan bobo que ni demostrarlo podía.

Para colmo de males ¡Justo hoy! Hoy que se había puesto su mejor pulóver, su mejor perfume; había cortado y limado cada una de sus uñas; había lavado sus manos y dientes como cincuenta veces. ¡Justo hoy! Hoy que estuvo durante más de dos horas hablando con su espejo. Intentando hablarle a ella, practicando que decirle.

Hoy se había decidido a tomar ese paso. ¡Justo hoy!… El tiempo pasa y no perdona. Un paparulo, porque ella necesitaba sentirse mujer… y él nunca hizo nada para que eso sea una realidad. Y ese día, este atrevido individuo le cumplía sus deseos.

Quizá ni le guste él, pero su coqueteo la hace sentir mujer. Pero él no sabia nada de eso… nada y no podía dejar de preguntarse y exclamar internamente:

– ¡Justo hoy! ¡Justo hoy que estaba a punto de cobrar valor!


Cuento del Libro: Distinto al Otro (2010).



 La crema de Guddbrandsdalen


 

La libertad es, en la filosofía, la razón;

en el arte, la inspiración;

en la política, el derecho.,

Víctor Hugo

Guddbrandsdalen era un lugar donde todos convivían de forma apaciguada. Allí se conquisto la paz y -la misma- tomo la forma de comunidad. Todos en ella, trabajaban en conjunto buscando su propio bienestar. Las personas gustaban de vivir allí por lo que todos sus habitantes se ayudaban entre si.

Como una manera de ganarse el pan de cada día, todos trabajan para el reino del lejano Pompeyo, lugar al que vendían los productos de su receta más famosa. La misma era un misterio. Solo sus manos guardaban el secreto. Era única.

Por eso, los reyes de todo el mundo la deseaban. Se decía que la misma venia de los propios cielos; en los pequeños pueblos de Pompeyo, se murmuraba que la misma era elaborada con la ayuda de ángeles y que su sabor era el de las propias nubes. Por eso, la llamaban “Crema del Cielo”.

Los reyes perdidos en sus ostentosas necesidades, querían adueñarse de ella. No soportaban la idea de tener algo tan sabroso al alcance de sus manos y no poder saber como hacerlas ellos mismos. No soportaban la idea de saber que algo superara su poder. Por eso, se reunieron y discutieron la manera de conseguir la formula:

– Deberíamos enviar a Aslak. Dijo uno de los reyes de Pompeyo

-¡Si! Eso debemos hacer, él logrará conseguirla. Contesto un avaro monarca sentado a la derecha del el rey de Dovre

– ¡Si!. Afirmaron todos gritando y brindando con grandes copas de coñac

– Aslak, era el mas fiel espía del reino de Dovre y tenía como encargo conseguir esa formula a como dé lugar. Fiel a sus amos, este obedeció.

Logro ser aceptado por los miembros de la comunidad y tras vivir varios años como un Guddbrandsdalences; tras casi ser descubierto un sinfín de veces; luego de conocer a cada uno de los habitantes, sus oficios, sus gustos, sus costumbres; y hasta llegar a hacerse amigo del alcalde de la misma, Aslak encontró lo que buscaba. Tras un larga y minuciosa espera lo consiguió.

Eufórico por la noticia, corrió a informar a los reyes que esperaban -desde ya hacia mucho tiempo por la noticia.

– Su queridísima majestad. He revelado lo que me ha encargado. ¡La formula!. La misma se consigue de un modo tal que creo le costara entender. ¡Me ha dejado estupefacto! Atónito, su majestad. La misma proviene desde los mismos cielos, como el pueblo lo sospechaba: pequeños ángeles ayudan a estos Guddbrandsdaleños. Ellos toman las nubes y las exprimen. Una por una… van estrujándolas hasta lograr conseguir una suave llovizna. De ellas sale, magnificencia. Cae por los cielos y es receptada por estos Guddbrandsdalences.

La noticia paralizo a los mismísimos reyes, pues sabían que la única manera de conseguir la crema del cielo -desde su fuente- era a través de los ángeles. Y por ellos, nadie respondía más que la libertad de los cielos. La avaricia y ambición de los reyes los había alejado de ellos hacia ya un largo tiempo. Sus deseos de poder y sus crueldades frente a su pueblo habían marcado un punto final en la relación entre reyes y Ángeles.

No poder conseguirla y saber que para hacerlo, deberían convencer a los incorruptibles Ángeles, embraveció a los reyes… pues tenían el poder de decidir sobre la vida de todos los mortales, pero sabían que a los Ángeles nada podían imponerles. Eran menores a ellos y su avaricia los había alejado.

Fue así, como los reyes descubrieron que aunque crean y sientan que tienen todo el control, nunca podrán controlarlo todo. Así descubrieron que aunque que tengan todo el poder del mundo, hay algo que nunca, pero nunca podrán tener. Y eso, es la receta de la crema del cielo.

(Inspirado en Peer Gynt de Henrik Ibsen y Edipo Rey de Sófocles)

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