El fin de la hipocresía

A pesar de la existencia de los fakes news, las intenciones y los intereses -que nos gobiernan desde antaño-, las tergiversaciones, las malas intenciones, etc.; el siglo XXI se distingue en la historia por dar inicio a una lucha que es irreversible: ponerle fin a la hipocresía.

Con el acceso a los distintos medios de comunicación de manera automática e instantánea, la sociedad ha puesto en marcha una revolución.Una donde los hechos se evidencian aun cuando los grandes centros de poder quieran ocultarlos.

Es cierto también, que dichas herramientas también son mal utilizadas por ignorancia, para generar odio o desprecio, para cumplir con ciertos objetivos. Pero -más allá de esos casos particulares-, lo cierto es que en los últimos 8 o 10 años, se ha visto este comportamiento a lo largo y ancho del planeta (siempre con excepciones, por supuesto).

Desde la persecución real de la pedofília y los abusos sexuales en el seno de instituciones públicas, religiosas, etc. hasta la puesta en evidencia de promesas incumplidas con material de archivo o el doble discurso de personas de entidad publica.

También es cierto que esto sucedía antes, pero era resguardado. Protegido. Incluso acallado según convenía a los sectores involucrados.El mayor caso a resaltar en la actualidad es el de los abusos sexuales. Cuando era pequeño, recuerdo que en los noticieros salían noticias como “denuncian a sacerdote en tal provincia por abuso sexual”, o quizás denunciaba a un famoso o un político o una celebridad internacional. Lo cierto es que, al cabo de 5 o 6 días, la noticia desaparecía o se silenciaba. O simplemente la gente dejaba de hablar de ella. Como una autocensura que se aplicaban por miedo a algo que desconocían.

Hoy, con las redes sociales, eso no es posible. Aún cuando los grandes medios de comunicación y centro de poder busquen silenciarlo. No es posible por la democratización real del acceso y difusión de la información es algo tangible en el día a día, en el ahora.

También es cierto que hay casos donde, de manera mal intencionada, se “escracha” a personas en las RRSS con el solo motivo de perjudicarles y terminan arruinándole la vida a ellos y sus vínculos cercanos, sin motivos reales. Esto también hay que ponerlo de relevancia puesto que es un problema real…y también es algo tangible en el día a día, en el ahora.

Sin embargo, el curioso evento al que considero un hecho histórico por la magnitud del mismo y la incidencia en todos los ámbitos sociales que tiene, no puede evitarse.

La palabra “hipocresía” ya está instalada -incluso- en el lenguaje de los más jóvenes desde bien pequeños. Y es una palabra que se usa para describir como tal al acto hipócrita. Con su sentido real. Que se comprende como tal.

Un hipócrita es quien “finge una cualidad, sentimiento, virtud u opinión que no tiene”. Dicha definición pone en debate -también- un interrogante: ¿hasta que nivel llegamos a combatir la misma?

Desde la educación que enseña a que las personas tiene que amar lo que hacen, hasta el ámbito laboral que invita a especializarse para conseguir lo que uno quiere, pasando por las teorías de vida que demuestran que la felicidad no es lo que se tiene sino para qué se lo tiene y cómo se usa.

En la actualidad, tal parece, se ha puesto sobre el tapete la necesidad de limpiar bajo la alfombra, acabar con las hipocresías y construir de nuevo. Con nuevos cimientos. La cuarta revolución industrial y los distintos conflictos relacionados a la necesidad de una nueva forma de administración mundial, han hecho tambalear todos los sistemas vigentes hasta la actualidad. Algunos se vistieron de ovejas pero siguen siendo lobos, otros simplemente son acallados… pero la pregunta es: ¿por cuánto más?


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Foto: Baruska


 

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