Saquemos los nombres y analicemos con el sentido común

La creciente demanda social sobre la aparición de Santiago Maldonado, está despertando nuevamente un pedido que lo trasciende: “Basta de desapariciones forzadas”.

Porque no se trata solo de él , hay más. Hay que diferenciar y contextualizar. Unas las propició el Estado, otras el narcotráfico y otras la “trata de personas”.
Los tres tipos tienen un objetivo en común: amedrentar un reclamo específico y responder a las necesidades el mercado.

Sin embargo, que el tema resurge por la trágica retención de Gendarmería que cruzo el límite. Todos tenemos límites y ellos lo cruzaron.

Por eso, despierta un contra mensaje: no es el único desaparecido. Construido desde la defensa, pero también como respuesta a un reclamo especifico como el que existe.

Quizás, por ese motivo, los que ignoran las circunstancias, los que prefieren no miran, los que lo vivieron de un modo u otro, los que no quieren saber, los que opinan por opinar sin argumentos ni profundización temática, tomaron partida sobre el hecho.

En ese contexto, un tema de toma, retención y desaparición forzada se mezcla entre distintos casos de una misma temática. Y muchos están debatiendo para sostener un argumento insostenible (reírse de la desaparición), otros están haciendo caso omiso (no te metas), algunos descalifican o califican (es un terrorista…a lo Counter-Strike). Por otro lado tenés a los que de alguna manera padecieron este tema de cerca (desaparecidos por el narcotráfico, la trata de personas, el gatillo fácil, la coacción de gendarmería, órdenes del Estado).

Ninguna pierde importancia, ni valor. Todas confluyen en lo mismo, pero el debate sin contextualizar, sin analizar en concreto, ha creado una especie de guerra de información en las redes sociales (y en la sociedad), donde se han formado dos bandos, otra vez. Los que están a favor y los que están y en contra; desviando nuevamente el tema central. Desuniendo. Porque sin desunión, esto no sería un debate. Ya hubiese tenido solución.
Saquemos los nombres. Hablemos de forma concreta. Con hechos.

Una protesta por tierras entre Mapuches y Benetton termina con Gendarmería tirando balas de “verdad” y llevandosé un manifestante. Hay videos que lo muestran en el lugar, hay testigos que lo sostienen. Pasan más de 20 días para que se realicen las primeras pericias reales, el Estado no responde o desvía la atención.

La ministra de Seguridad de la Nación usa para su defensa uno de los momentos más oscuros de la historia de su país. Dice que “los demonios no era tan demonios”, pero de la causa no aporta más que pistas falsas que luego son desmentidas.

Docentes hablan de los desaparecidos en las escuelas. Abren un “0800” para denunciar a los docentes que hablen del desaparecido en las escuelas, pero no uno para ayudar a encontrarlo.

El mundo comienza hacerse ecos de lo que sucede en Argentina, comienza a ser noticia en otros países. Diputados españoles se unen al reclamo mostrando la foto del desaparecido en el recinto de su país.

Comienzan a circular imágenes, textos y videos que acusan la protesta de no hacer lo mismo con otros desaparecidos y se acusa de operación política a lo sucedido. A todo esto el Estado argentino sigue mirando para el otro lado. Se usa la comparación para quitarle importancia al tema. Pero se empieza a hablar del tema y eso complica el silenciamiento del Estado.

El juez encargado de la causa cambia la caratula por la de “desaparición forzada”, pero el Estado lo niega en los principales programas de la TV Argentina usando el prime time (tiempo de oro en la TV). Y la ministra se niega a renunciar. No solo eso, mientras la gente demanda una acción del Estado, el presidente se fotografía tomándose un helado.
Se juntan cientos de miles de personas en el país. Se pide encarecidamente por las redes sociales que no haya incidentes, que la marcha sea pacífica. Reclaman. Hay incidentes y detienen a periodistas. ¿A cuáles? a los que filmaron lo que no querían que filmen.

Pintan el Cabildo de la Revolución (algo cierto e inaceptable). Siempre hay desorientados, siempre hay gente que no comprende y solo actúa por impulso, ignorancia, por dejarse llevar. Pero son una minoría dentro la marcha. Eso sí: son muchísimos en la sociedad. Por eso, surge otro mensaje, otro enfoque.

¿Adivina qué televisa el medio más consumido del país (con una capacidad de audiencia que supera el 70% del país de manera directa)? Enfoca los incidentes. Se increpan con la gente. Montan un show. Desvían el tema, otra vez.

A todo esto, la ministra de Seguridad no renuncia porque el principal candidato de su partido tiene el mismo apellido y –por cuestiones de Marketing político- no es conveniente aceptar lo que ya sabe gran parte del pueblo argentino.

Saquemos los nombres. Si es anti K pensá que CFK hubiere hecho eso. Si sos anti Macri, pensá que Macri lo está haciendo. Si no estás de un lado ni del otro, usa el sentido común.

Me parece bien que se unan los reclamos, lo que no me parece es que se menosprecie un tema delicado para la fortaleza democrática. Y si, esto es política. Si querés decirlo: estamos politizando la elección. Exactamente. Porque la desaparición de una persona es una decisión política. Ya sea el Estado, el narcotráfico o la “trata de personas”.

Y tomar posición frente a un derecho básico y constitucional no tiene bando. El que elige un bando, lo hace por complicidad, interés o miedo. Y la democracia viene a eso: acallar el miedo y darle vida a la libertad. Que no nos vendan gato por liebre: ¿Dónde está Santiago Maldonado?

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Guido Tonelli

Lic. en Comunicación Social, Periodista y Social Media Planner.

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