Historias de nuestro Himno Nacional

Las palabras que proclamaron y sostienen nuestra libertad. Una historia larga como el himno original, pero sintetizada como el himno que cantamos en la actualidad.

Tras la revolución de mayo, la Asamblea General Constituyente del Año XIII ordenó componer la letra del himno y lo aprobó como “Marcha Patriótica” el 11 de mayo de 1813.

Al día siguiente, se le encargó componer una nueva música a #BlasParera quien -en una sola noche- terminó la partitura.

Por ello, el 22 de julio de 1812, dirigiéndose al Cabildo de Buenos Aires, sugirió a éste que se mandase a componer “la marcha de la patria”, para poder ser ejecutada al principio de las funciones teatrales.

Con la intención de fortalecer la identidad nacional “debiendo el público escucharla de pie y descubierto, así como en las escuelas al finalizar diariamente las clases”.

Según marca la tradición, el 14 de mayo de 1813, se cantó por primera vez en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson y fue ella quien interpretó sus estrofas.

Pero fue el 22 de julio de 1812, cuando comenzó a tomar forma real, a ser parte de las necesidades identitarias y culturales de lo que sería luego la República Argentina.

A continuación las estrofas originales. Una interpretación que supera los 20 minutos y deja entrever mucha historia.


HIMNO NACIONAL ARGENTINO (original de 1813)



¡Oíd, mortales!, el grito sagrado:
¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!
Oíd el ruido de rotas cadenas
ved en trono a la noble igualdad.
Se levanta a la faz de la Tierra
una nueva y gloriosa Nación
coronada su sien de laureles
y a sus plantas rendido un león.
De los nuevos campeones los rostros
Marte mismo parece animar
la grandeza se anida en sus pechos
a su marcha todo hacen temblar.
Se conmueven del Inca las tumbas
y en sus huesos revive el ardor
lo que ve renovando a sus hijos
de la Patria el antiguo esplendor.
Pero sierras y muros se sienten
retumbar con horrible fragor
todo el país se conturba por gritos
de venganza, de guerra y furor.
En los fieros tiranos la envidia
escupió su pestífera hiel.
Su estandarte sangriento levantan
provocando a la lid más cruel.
¿No los veis sobre Méjico y Quito
arrojarse con saña tenaz,
y cuál lloran bañados en sangre
Potosí, Cochabamba y La Paz?
¿No los veis sobre el triste Caracas
luto y llanto y muerte esparcir?
¿No los veis devorando cual fieras
todo pueblo que logran rendir?
A vosotros se atreve, argentinos
el orgullo del vil invasor.
Vuestros campos ya pisa contando
tantas glorias hollar vencedor.
Mas los bravos que unidos juraron
su feliz libertad sostener,
a estos tigres sedientos de sangre
fuertes pechos sabrán oponer.
El valiente argentino a las armas
corre ardiendo con brío y valor,
el clarín de la guerra, cual trueno,
en los campos del Sud resonó.
Buenos Aires se pone a la frente
de los pueblos de la ínclita Unión,
y con brazos robustos desgarran
al ibérico altivo león.
San José, San Lorenzo, Suipacha.
Ambas Piedras, Salta y Tucumán,
la colonia y las mismas murallas
del tirano en la Banda Oriental,
son letreros eternos que dicen:
aquí el brazo argentino triunfó,
aquí el fiero opresor de la Patria
su cerviz orgullosa dobló.
La victoria al guerrero argentino
con sus alas brillantes cubrió,
y azorado a su vista el tirano
con infamia a la fuga se dio;
sus banderas, sus armas se rinden
por trofeos a la Libertad,
y sobre alas de gloria alza el Pueblo
trono digno a su gran Majestad.
Desde un polo hasta el otro resuena
de la fama el sonoro clarín,
y de América el nombre enseñando
les repite: ¡Mortales, oíd!
Ya su trono dignísimo abrieron
las Provincias Unidas del Sud!
Y los libres del mundo responden:
¡Al gran Pueblo Argentino, salud!
Sean eternos los laureles
que supimos conseguir:
coronados de gloria vivamos,
o juremos con gloria morir.
(Se canta después de cada estrofa)
Letra: Vicente López y Planes

Música: Blas Parera


Anuncios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.