La guerra es la derrota del espíritu humano y el triunfo de su parte más siniestra[1]

La negación del otro es el triunfo de lo inhumano, la muerte de la democracia, el triunfo de la guerra y el comercio de la muerte.

La muerte es un comercio muy rentable, pues el espíritu de dominación (natural en el ser humano) explica el porqué de todas las guerras de la historia. Entender el espíritu de dominación humana es entender la historia.

El macartismo[2] se presenta, así, como una herramienta necesaria. La paranoia social dibujada, controlada y manipulada en un sentido: uno que sirva a los intereses del comercio de la guerra. La locura como un sistema social donde –mediante la introducción de un chivo expiatorio- se justifica la inhumanidad de los detractores y se resalta la humanidad de quienes profesan la guerra. Unas de la libertad, otras en cruzadas de evangelios. En esencia, son lo mismo: una guerra. Y el método de justificación, por ende, es similar.

Las acciones bélicas, en realidad,  no son más que un comercio, uno muy grande. Uno donde los hombres mueren sin sentido, las mujeres, los niños y los ancianos, mueren sin sentido. Paradójicamente, ese sentido macartista intenta destruir el sentido.

Ahora, ante tanta muerte sin sentido ¿Cómo hacer que tanta absurdidad se justifique? Mediante el envió constante de información, disparos comunicacionales, disparos de sentidos que dibujan una guerra mala y una guerra buena.

El sujeto piensa lo que el poder piensa y comienza a ser pensado por el poder[3]. Quien comienza a sujetar al sujeto, bajo su propio sentido común: uno que justifica lo injustificable. Un desinflamante de la moral.

Por ello, considera que, aquel que no piensa en estos términos, es peligroso. La manzana prohibida siempre estará prohibida. Nada es más peligroso que un pensamiento propio, que un sujeto que actué bajo sus propios ideales.

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Fuente: solidaridad.net

La guerra se justifica en un negocio de enorme rentabilidad y no en un solo factor social:

  • Factor económico: el comercio de la guerra permite la circulación de gigantescas masas de dinero (comercio de armas, suministros, alimentos, incluso de personas). Tristemente, estimula el mercado. Eleva acciones y fortalece la economía de quien comercia con ella.
  • Factor Político: con la muerte de la democracia y sus valores fundamentales, la imposición de un sentido común político es justificada, planificada y aceptada por las sociedades intervenidas. La fuerza lleva a un control social prácticamente dictatorial[4].
  • Factor cultural: el comercio sabe que invertir a largo plazo siempre es más rentable. Invertir en una cultura de la guerra es tener futuros soldados dispuestos a dar su vida por ella.

LA ERA DE LA COMUNICACIÓN Y EL FACTOR CULTURAL

Manejar la cultura y todo lo que conlleva (educación, arte, pensamiento nacional, definición de soberanía, etc.), es crear sujetos que pensaran como el poder le dictamina. Al menos, en los factores que necesita. El sujeto piensa lo que el poder quiso que pensara desde que nació, dando lugar a un sentido común justificado por los distintos ámbitos de las sociedades “aliada”[5].

Ya lo decía Jean Paul Sartre “el hombre es lo que hace de lo que hicieron de él”. Y al sujeto que justifica la guerra le enseñaron a distinguir la muerte. Ya no hay simplemente seres humanos víctimas de los bombardeos o atentados, no. Hay muertos de primera clase (que suenan como atrocidades, lo son) y muertos de segunda clase (de las cuales se duda, se desprestigia). Ante estos, se busca una respuesta racional que justifique: “terroristas”, “subversivos”, “algo habrán hecho” e incluso “Revolución”.

Ahora bien, no impida que el lado de su cultura lo detenga a tomar una posición. Esto va más allá de estar de un lado o del otro, sino de comprender el sentido mismo de la guerra que se está gestando.

Analicemos la palabra terrorista

Terrorista. Adjetivo
1. Del terrorismo o relacionado con esta forma de lucha política violenta. “organización terrorista; atentados terroristas”

2.El terrorismo es un concepto que hace referencia al uso de violencia o amenaza de violencia por parte de individuos o grupos contra otros individuos o sectores de una sociedad a los efectos de coaccionar a gobiernos o entidades políticas a responder a demandas de orden político, social o religioso.
… via Definicion ABC http://www.definicionabc.com/politica/terrorismo.php

La misma viene de “causar terror” sistemáticamente. La muerte, el miedo, la imposición por la fuerza es terrorismo.

Estos actos nos llevan a la existencia de dos posiciones irreconciliables, donde estamos obligados a tomar una posición: “o estas con ellos o estas con nosotros”, “Eres nuestro amigo o nuestro enemigo”. Y la cuestión real es mucho más compleja, pero el fundamentalismo permite que ser pierda los puntos medios y –valga la redundancia paradójica- son los propios Medios de comunicación los que nos llevan a dibujar esta idea nefasta en el imaginario social. En la era de la comunicación incluso ISIS y el Estado Islámico tienen un aparato propagandístico que busca crear un sentido. Imagínese el que poseen las potencias de occidente. 


MEDIOS PARA LA JUSTIFICACIÓN DE LA GUERRA

Los Medios cumplen un rol fundamental puesto que la guerra justificada, no puede ser catalogada de “terrorista”. La guerra combate al terrorismo, aun cuando causa terror.

Por eso, su función es la de construir un mensaje que responda a las necesidades que tiene el poder en el contexto histórico determinado. Juntos tienen el poder de imponer ese sentido común justificado. El sujeto lo cree propio –y lo defiende honestamente[6] dejando así de pensar, dándole ese lugar al tipo de información que recibe.

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Fuente: www.carnedevideoclub.com

El sujeto está cansado y recibe la información. Que cree que es comunicación, pero no lo es puesto que el mensaje es lineal y tiene definido los parámetros de interpretación de ante mano. Por ejemplo, se da un debate político en una sociedad determinada. El sujeto lo mira en vivo, intenta escuchar, intenta pensar pero cuando este finaliza, en lugar de apagar la TV y analizar lo propuesto, simplemente cambia de canal y comienza a mirar un programa de análisis del debate, uno que ya comprendió y planificó cual es el mensaje que el sujeto debe tomar como una verdadera conclusión. El individuo, que desconoce este gigantesco aparato –incluso conociéndolo- no digiere, simplemente lo vuelve parte de él.

El sujeto no se da lugar para pensar por sí mismo, al finalizar un evento importante, simplemente cambia de canal y escucha a quienes ya lo digirieron por él.

Esta es la razón fundamental por la cual los medios son considerados el Cuarto Poder puesto que  tienen la capacidad para construir un sentido común ¿Cuál sentido? El de los intereses que los representan. En el caso de la guerra, los intereses del poder y el comercio de la guerra.

Ya lo vimos cuando se bombardeó en directo a Iraq. En vivo y en directo, el fuego consumía la ciudad de Bagdad pero veíamos caer bombas sobre objetos. La lejanía le quitaba la inhumanidad a las atrocidades mostradas por la televisión. La sangre derramada no estaba presente. Quizás en palabras, pero “una imagen dice más que mil palabras”. Ocultar el peso moral de estas acciones era su finalidad.

Justificando una suerte de “causa y efecto natural”, acción/reacción. Situación que deshumaniza a quienes, supuestamente, atacaron primero mediante imágenes fuertes, cercanas, sentimentales. Los muertos se ven de cerca, la muerte se transforma en un show, un Talk Show, donde la atrocidad de los hechos le dan a la palabra del narrador el poder ético y moral de profesar una verdad incuestionable.


LA VERDAD, EL SENTIDO COMÚN DEL PODER

El comercio de la guerra y su versión teórica-practica, el neoliberalismo, pudo justificar sus acciones. Actos bélicos que lo que realmente buscan es el control de recursos, de lugares estratégicos (como puertos, aduanas, puntos de desembarco, etc.), de la logística y el propio transporte que rige en los país que invaden. Todo respetando la lógica máxima del capital y el libre mercado. Puntos en común con  los dictámenes de su dios supremo: el dinero.

Ahora ¿Quién es el verdadero terrorista? La respuesta es muy simple: ambas partes puesto que ven en la guerra una forma de mantener la hegemonía de poder, un método de control social sobre las sociedades que rigen. Un modo de imponer su sentido común, su verdad. Un espacio de confrontación para medir fuerzas, donde el único beneficiario es el poder en sí.

En el medio, estamos nosotros, simples sujetos con el poder de ofrecer la fuerza laboral, la cual nos permite sobrevivir según las exigencias del sistema social. Sin tiempo ni las energías ni las ganas necesarias de comprender a fondo la realidad. Es por este motivo, entendiendo la lógica del sujeto, se nos ofrece una realidad envasada. Una verdad digerida, comprendida, pensada, accionada. Solamente tomamos partida y defendemos un bando.

La crítica se ha esfumado, la racionalidad ha muerto. Es allí cuando la guerra derrota el espíritu humano y da espacio al triunfo de su parte más siniestra. Si hoy en día se desata una tercera guerra mundial es porque –a pesar de las libertades que creemos que nos hemos adjudicado- pensamos como el poder quiere que pensemos y los máximos responsable de esto son los Medios de Comunicación.

Porque el que piensa por sí mismo, es peligroso. Elegir pensar, al menos no comprar una verdad envasada, es peligroso para este mercado de muerte. Tomar conciencia de la realidad es pasar de una Verdad  Envasada a una Verdad Artesanal, donde uno elige como construir, pensar, criticar la realidad. Allí, la guerra pierde sentido. Un sentido que no es más que el impuesto para que sea justificada.


LATINOAMERICA Y UNA GUERRA QUE NO LA REPRESENTA

La guerra santa, las cruzadas del crudo, la confrontación entre dos ideas completamente opuestas a la hora de ver el mundo, la justificación del terror y la muerte, el adoctrinamiento del sentido, no nos representan como continente.

América Latina, Latinoamérica o Sudamérica –como usted desee llamarla- es un continente que se caracteriza por su actitud pasiva en las guerras. Habremos tenido conflictos armados internos, pero por suerte los estamos terminando de superar. No busco aquí hacer un análisis de ese pasado oscuro en nuestras tierras, pero si está directamente relacionado a esta postura que los medio dibujan: “O estas con ellos o estas con nosotros”.

Latinoamérica no está ni con uno ni con el otro. No hay nada en esa guerra que realmente nos lleve a justificar nuestra participación, lo único que nos obliga a participar son las deudas que tenemos con los países promotores del comercio de la guerra.

Hoy en día, por ejemplo, volver a tener relaciones con el Fondo Monetario Internacional y sus tasas usureras de interés en sus préstamos, es arrodillarnos ante un sentido común nefasto, asesino, que nada tiene que ver con nuestras necesidades continentales. Nada tiene que ver con nuestros intereses regionales.

Es por ese motivo, que se hace necesario y fundamental, comenzar a gestar un movimiento de tercera posición ante el enfrentamiento inminente entre el capitalismo y el islamismo.

La guerra comenzó el 11 setiembre de 2001 –al menos como fecha formal- y, aun habiendo sufrido algunos atentados en la región[7], nuestra participación no se justifica más que como un modo de controlar la región en tiempos de un mundo bipolar.

Hoy, Rusia y Estados Unidos, se alían para combatir un monstruo que ellos crearon para justificar las banalidades y atrocidades que realizaron desde 1945 hasta 1989, durante la denominada “Guerra Fría”. Mejor nombre imposible, porque los muertos eran ajenos, los combatientes eran otros. Un juego de poder donde el poder no se involucraba de manera directa.Y este juego, lo padecimos con el denominado “Plan Cóndor”.

Tenerlo presente en las puertas de la 3GM, es ser consciente de las posturas políticas que se intentaran implementar por la fuerza en los años venideros. América Latina no debe ceder ante la brutalidad de la guerra evitando su participación a como dé lugar.

No podemos permitir que se geste un Plan Cóndor 2.0.  Alejarnos de esta bipolaridad, nos da la oportunidad de posicionarnos en el mundo como una potencia y también dará el ejemplo para terminar de una vez con este nefasto sistema basado en la economía de la muerte.


Citas y Fuentes:

[1]  J.P. FEINMANN – Filosofía: aquí y ahora. Canal encuentro. “El poder de los medios”

[2] Macartismo: Persecución anticomunista impulsada por el senador Joseph McCarthy (1909-1957) en Estados Unidos de América durante el período de la guerra fría. Conjunto de acciones emprendidas contra un grupo de personas por sus ideas políticas y sociales, generalmente progresistas.

[3] José Pablo Feinmann – Sujetos sujetados

[4] Un buen ejemplo son las dictaduras militares impuestas sistemáticamente en Latinoamérica durante las décadas del ´50 al ´80 para combatir al antiguo terrorismo: el comunismo. Situación que también se llevo adelante en la escena de conflicto actual, Medio Oriente.

[5]  Es más bien una especie de alienación, puesto que el sujeto no es consciente de este proceso.

[6] No es que sea malo, nos es que no entienda. Es algo de lo que se alimenta desde que nació. Está en sus raíces culturales. La educación ha sido planeada de esa manera para que piense del modo en que lo hace.

[7] En el caso de Argentina, los dos atentados en los noventa: AMIA y Mutual Judía.

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