Una Justicia ciega necesita nuevos anteojos.

Nuestra historia reciente como país, nos ha llevado a un punto en el que las distintas partes estructurales que conforman nuestra joven democracia necesitan -de forma inminente- ser renovadas y transformadas. La actualidad demanda reglas que se apliquen y entiendan las necesidades de los tiempos que corren. No puede pensarse y ejecutarse una república basada en el progreso, cuando sus leyes representan las urgencias de otros tiempos; cuando las mismas no nos representa, entienden o protegen. Contexto. Coyuntura. Ubicación histórica.

Pensar en Justicia es hacerlo de manera democrática. No puede existir sin hablar de términos democráticos, mucho menos cuando los propios juristas no respetan las propias leyes o las utilizan de modo personalista. Y no se trata de un visión partidista, sino de los personalismos reinantes dentro de nuestra esfera judicial. La cual abarca desde el más simple abogado hasta los jueces de la corte suprema. El mejor ejemplo es el juez de la Corte Suprema de Justicia Argentina, Carlos Fayt, quien cumplirá este año 96 años años y continua ejerciendo su cargo; cuando la ley establece que otros términos. Un buen ejemplo de jurista -más allá de las criticas que puedan realizarsele- es la de Eugenio Zaffaroni quien, tal como lo establece la Carta Magna, se retirarlo al cumplir los 75. El primer ejemplo lo han de dar los juristas y no es algo que suceda con frecuencia en un país, históricamente, gobernado por abogados.

Hablar de Justicia en los tiempos que corren, entonces es hablar de democracia. Pero nuestra justicia no representa los tiempos que corren, las necesidades de la actualidad. Puesto que las leyes han sido redactada en otros contextos, bajo otras necesidades coyunturales, hay que pensarla bajo la estricta necesidad de reformas judiciales a nivel estructural. Modificar el modo de acción de poder legislativo, ejecutivo y-principalmente- el judicial es algo que nuestra sociedad demanda. Lo sucedido recientemente -el caso del fiscal Nisman- ha sacado a luz está discusión nuevamente, pero no es un tema nuevo. Las reformas deben realizarse tanto a nivel judicial como político. Los tres poderes han de poder garantizar su independencia. Este es el camino ha seguir para que las leyes realmente nos representen a todos.

La burocracia, ese aparato gigantesco que a todos nos ha atormentado alguna vez, necesita una reforma. Necesita adaptarse a los tiempos de velocidad que corren. No es posible que caso de litigio, violencia familiar o usurpacion territorial tarde entre 3(tres) a 4(cuatro) años para comenzar a realizarse medidas contundentes. Existen posibilidades para acelerar los procesos. Logarismo justos y precisos que pueden hacer que la información se organice de forma proactiva y se pueda actuar con mayor precisión y velocidad. La digitalización de la sociedad es un buen medio para que ello suceda, pero esto es tan solo una pequeña propuesta en un enorme espacio que nos mantiene conviviendo socialmente pero también nos lleva a dividirnos.

En un pais sin justicia real, no existe progreso posible. Los poderes han de ser independientes de por sí y la Justicia ha de ser un espacio de vigilancia real de la sociedad. No de censura y persecución. No un lugar donde el poder puede limpiar sus enchastres, sino un paraje donde el pueblo sienta que puede estar contenido. Que de soluciones a la población, no excusas y nuevos conflictos.

En la actualidad, Argentina ha modificado en cierta forma las bases legales de su poder legislativo. La reforma Política, la reforma del Código Civil, la nueva ley de Medios y de Educación. Entre otras. Quizás, muchos no están de acuerdo con las reformas realizadas, pero hay algo que se debe comprender: siempre es mejor una ley nueva, que se puede modificar y mejor, a una ley antigua descontextualizada, desactualizada y enraizada por los vicios del poder. Estas reformas son el principio de algo que nos compete a todos: la necesidad de reforma de manera completa el sistema que nos gobierna. Este es un tema muy delicado, por ello, para que suceda de forma eficiente, consistente y democrática tenemos que participar todos y generar los debates pertinentes para que dichas reformas se lleven a cabo de manera adecuada y no vuelvan a caer en los tradicionales vicios del poder.

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