Una observación sin caer en el “todos son así”, pero son bastante muchos.

Desde hace un tiempo ya que vengo masticando esta idea. Aunque más que una idea, es una actitud que veo  con frecuencia en las calles y no distingue clases, religiones. Simplemente es un accionar social que se ha vuelto frecuente. No sé si se trata de un resultado producto del neocolonialismo, del vaciamiento de racionalidad que propone el fundamentalismo del libre mercado o alguna otra razón que -realmente-  desconozco. La cuestión que es algo que se ve, esta tan latente que nos divide cada vez más como sociedad. Nos divide y – para peor- nos enfrenta… y no es Cristina, no es Clarín, no son las corporaciones, ni los bolcheviques con aire acondicionado. No es La Nación, ni los chinos sojeros. No, va por una cuestión más cotidiana. Es como un discurso que se va afianzando y nos vuelve algo estúpidos. El problema es que ya tiene extensas raíces y nos aleja de la realidad;  nos hace enardecer ante cuestiones que no tienen tanta importancia. El hecho es que la gente – y me incluye (a veces)- cada vez se enoja más por cuestiones que no tienen importancia e ignoran lo que realmente importa. ¿Un ejemplo? Bueno, un buen ejemplo –y lo escuche en boca de varias personas- fue el enojo (furia) contra la presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner (algo más frecuente que lo que planteo), acusándole de haberle sacado las mangas en aeropuertos a LAN CHILE. Ese mismo día, una mujer embarazada y con seis hijos en B° El Bordo (Córdoba, Capital) encontraba en la puerta de su casa policías, fiscales y hombres de civil que querían desalojarla y dejarla en la calle. Eso sí, cuando uno les comentaba era más importante lo de las mangas de LAN CHILE. O al menos eso parece.

 No puedo entender a nuestra sociedad. Enojándose por temas que no tienen tanta importancia. Dándole vitalidad quejándose de un límite al gran empresario cuando en las calles la policía esta reprimiendo a gente en los barrios, cuando se está desalojando gente para construir edificios que son precarios y violan todas las leyes. Cuando se está despilfarrando el territorio nacional, deforestando sin ninguna conciencia, asesinando a aborígenes para quitarles las tierras. Algo está mal y no es uno solo, es la sociedad. Es como que  si no importase. No se  quiere ver la realidad. Algo está mal, algo estamos haciendo mal como comunidad, porque no podemos permitir que estas cosas sucedan y -mucho menos- permitirnos ignorarlas de forma tan violenta. Porque el silencio es violencia y la ignorancia también. Pero la indiferencia es el arma más violenta de nuestros tiempos. No hay peor dolor que no haber existido, porque nadie me vio. No hay mayor desprecio que el de la afonía social. Porque callamos, no participamos ¿Dónde está la solidaridad? Y no hablo de militar en movimientos sociales ni de adherirse a un partido político; hablo de ver y aceptar la existencia del otro. De pararse y decir esto está mal, cuando lo está.

No quiero caer en el modismo Andrés Oppenheimer  de “porque en Singapur”, “porque en Islandia”, “porque en China”. No quiero comparar, quiero que se vea que algo estamos haciendo mal. Sin entrar en la lógica simplista de “la culpa es del gobierno”. Ni mucho menos en la banalidad racional de un “todo esta bien”.

 Tenemos que transformarlo, porque si no cambiamos esa base de individualidad narcisista (ya que la individualidad no es mala, pero el narcisismo ciego si) es difícil que algún proyecto progresista pueda funcionar.

 Ah…un datito estadístico: Argentina es el país con más psicólogos psicoanalistas del mundo. Estudiamos la cabeza… pero nos olvidamos -un poquitito- de la realidad.Afonía social ¿Donde estamos cuando el país se viene abajo?

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